Y si David Foster Wallace hubiese sido español…

Para quienes no hayan leído la obra de Foster Wallace deben de saber varias cosas: La primera cosa que debo decirles es que muy mal. Muy, muy mal. Foster Wallace es uno de esos autores que hay que leer, mínimo, una vez en la vida. Nadie ha criticado como él la era posmoderna. El capitalismo, el corporativismo, las marcas… Su crítica ha avanzado hacia todos los ámbitos. Ha criticado la sociedad, la economía, la política… La segunda, este novelista ha centrado su obra, sobre todo, en transmitir su malestar por medio de sus obras en la sociedad de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Y la tercera, cuando lees por primera vez a Foster Wallace te das cuenta que no hay dos páginas iguales. El autor es conocido por sus múltiples estados de ánimo, que plasmaba en las hojas de sus obras, igual estabas leyendo una hoja con un carácter aparentemente normal, que luego estás tres páginas leyendo pensamientos autodestructivos.

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El salto hacia la fama en el mundo literario lo da cuando publica La broma infinita, galardonada por la revista Time como una de las 100 mejores novelas escritas de habla inglesa desde 1923. Esta novela transcurre en un centro de rehabilitación para drogodependientes y en una academia para deportistas de élite y trata, principalmente, las dependencias de los seres humanos ante una sociedad plagada de estímulos.

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Foster Wallace era tremendamente crítico con una sociedad americana que por aquel entonces -y ahora- era una auténtica potencia mundial. Y, además, apenas estaba inflacionada si la comparamos con la sociedad actual. Si miramos hacia el ámbito internacional, en 2008 -cuando se suicida- en el mundo occidental tampoco se había dado la profunda crisis que se está viviendo en Europa en la actualidad, y desde hace unos años. Por lo tanto, económicamente no era una nación que estuviese en una mala situación.
Política y socialmente, mientras vivió Foster Wallace no se dio ningún acto a destacar, excepto la caída de las Torres Gemelas, por supuesto.
Aún así, el 12 de Septiembre de 2008, Foster Wallace decidió poner fin a su vida y se suicidó.

Si Foster Wallace era así de crítico con la sociedad en la que vivía, me pregunto como habría sido este autor en nuestros días. Sobre todo si hubiera nacido en España, uno de los países más perjudicados por la crisis de los países periféricos de la U.E. Que suerte ha tenido España, sus políticos principalmente, de que este genio no hubiese nacido aquí. Y que mala suerte hemos tenido los apasionados de este autor, y de la literatura hispana en general, de eso mismo.

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